Diario La Nación   

Domingo 30 de noviembre de 2003

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Marcelo Tinelli: cuando la fama tiene sentido

Ganó dinero y popularidad con la televisión, pero dice que eso no le basta. Desde la Fundación Ideas del Sur, este hombre se concentra en ayudar al prójimo. Y sigue: "Yo soy la garantía de que la plata llegue donde tiene que llegar"

Empezamos con cien y después, gracias a la ayuda de Tinelli, pudimos poner a los que estaban en lista de espera, que eran 250", cuenta Olga en un video editado por Ideas del Sur. No eran 250 desconocidos en busca de los treinta segundos de fama ni 250 imitadores deseosos de mostrar sus habilidades en el Mimic 2003 de El show de VideoMatch. Eran 250 chicos haciendo turno para el comedor Medalla Milagrosa, de Caritas, en la localidad bonaerense de Laferrère.

El hambre es incompatible con cualquier lista de espera. En un tiempito más, esos 250 niños de los que hablaba la cocinera Olga habrían sido 250 desnutridos.

En el hospital Pedro de Elizalde, ex Casa Cuna, el quirófano número cinco estaba inutilizado porque faltaba una mesa de anestesia para recién nacidos. La diferencia entre tener la mesa y no tenerla eran cincuenta niños más o cincuenta niños menos operados cada mes. En muchos casos, la diferencia entre la operación y la falta de operación era tan radical como la que hay entre la vida y la muerte.

Marcelo Tinelli dice que no sabe por qué. Pero cuando se le pregunta qué le da su tarea solidaria al frente de la Fundación Ideas del Sur, habla de un sentimiento comparable al que experimentó cuando nacieron sus hijos. "Es una profunda paz. Es una sensación fuerte y casi física, tanto que enseguida me vienen lágrimas a los ojos. No me pasa con ninguna otra actividad. En las obras de bien encuentro un gustito parecido al que me produjo el nacimiento de mis hijos. Candelaria y Micaela nacieron por cesárea. Pero a Francisco y a Juanita los saqué de la panza de la mamá con mis manos. Fue lo más profundo que me pasó en la vida. Es incomparable. Y no sé por qué, la fundación me lleva a recordar aquel momento."

¿Y si fuera porque ayudar a evitar los estragos de la desnutrición infantil es un modo de parir de nuevo a esas criaturas desalojadas del presupuesto nacional? ¿Y si fuera porque crear y equipar un centro de hemodiálisis y una sala de terapia intensiva en el hospital de Bolívar es otro modo de ayudar a dar vida?

-Es el mismo hospital donde yo no pude atender a mi papá -Marcelo enhebra conjeturas y teje la trama de otro destino posible-. Yo tenía 10 años cuando mi papá se enfermó. Una noche tuvimos que salir corriendo para Buenos Aires. Era una hepatitis muy fuerte y no se pudo curar. Mi papá murió. Pero si el hospital de Bolívar hubiera tenido el equipamiento que hoy le pudimos dar... Yo no sé qué habría pasado con mi papá. Por ahí, no habríamos tenido que traerlo a Buenos Aires y tal vez, se hubiera podido curar...

¿Cómo saberlo? Eso es lo malo que tiene la muerte, que es definitiva, inapelable. Por eso no hay que darle la menor ventaja; hay que pelear contra el hambre y la enfermedad aquí y ahora.

La fama es pura espuma. Fuegos artificiales. Una colección de superficiales miradas ajenas envueltas en un celofán de aplausos. Apenas vanidad de vanidades. Todo eso es cierto hasta que se escucha decir a Marcelo Piñeyro, director de Caritas Laferrère, que al haber tenido a Marcelo Tinelli como padrino de la colecta, este año se recaudó un 42 por ciento más que en 2002. Entonces la fama cobra peso específico. Se carga de sentido; se vuelve fértil.

-Para estas cosas vale la fama. Hace poco hicimos una comida donde presentamos la labor de la fundación ante un grupo de importantes empresarios. Buscamos que colaboren para comprar todo el equipamiento que necesita Casa Cuna. Para estas cosas la fama es importante porque yo soy la garantía de que ese dinero, así como venga, va a ir para Casa Cuna. Todo el que quiera ayudar puede estar seguro de que todo es transparente, de que toda donación llega a destino. Yo tardé cinco años en mostrar lo que hacía porque aquí siempre que alguien hace algo aparece la sospecha de que tiene segundas intenciones. Ahora decidí hacerlo público porque las necesidades de la gente son muchas, y contar lo que uno hace puede ser un modo de contagiar a otros a ayudar.

Este año, Tinelli volvió a la televisión con un rosario colgado al cuello. Imposible no preguntarse por el vínculo entre su actividad en favor del prójimo y los preceptos del catolicismo.

-¿Llevás ese rosario por una decisión estética o por un sentimiento religioso?

-Tiene que ver con las dos cosas. No soy profundamente religioso, pero soy una persona católica y creo en Dios. Creo en la energía y en el amor de Dios. Además, estéticamente me gustaba y tenía ganas de llevar un rosario.

-¿Por qué?

-Porque muchas veces me habían dicho: Con tantas cruces que uno lleva en la vida, no hay que ponerse una cruz. Quería demostrarme a mí mismo que podía ponerme una cruz encima tranquilamente, que todo pasa por la propia fuerza de voluntad, y que uno no tiene que estar pensando en esas estupideces.

-Entonces, ¿la tarea solidaria que hacés no es un modo de cumplir con el deber de la caridad cristiana?

-No. No tengo deberes; no tengo culpas. Reniego de haberme golpeado el pecho como católico cuando decían por mi culpa, por mi culpa... No siento ninguna culpa. Me golpeé el pecho muchas veces cuando rezaba en la iglesia, pero sin tener claro por qué lo estaba haciendo.

-¿Ibas siempre a la iglesia?

-Sí. Tomé la comunión, me crié en un colegio católico, de monjas primero, de curas después. Soy una persona católica. Pero me emociono más yendo a la iglesia de San Francisco de Asís, en la ciudad de Asís, donde encuentro al santo que más me sensibiliza, que yendo al Vaticano. Cuando voy al Vaticano, siento que no me puedo integrar. Fui a un colegio de franciscanos y tenía muy buena onda con esos curas. Las sandalias, la actitud de estar desprovistos de todo lo material... Todo eso es algo que valoro mucho y que me hace sentir cerca de ellos.

De hecho, mi hijo se llama Francisco. Tengo una rosa tatuada en la espalda -y mi mujer también- porque es la flor de San Francisco. Soy fanático de la iglesia de San Francisco, en Asís. Tengo un libro con todos los vitraux y algún día me gustaría hacer en mi casa unos vitraux de San Francisco y de Santa Clara.

-¿Tus hijos te preguntan por qué das de lo que es tuyo?

-No, gracias a Dios, mis hijos son de dar todo. Y, en ese sentido, mi mujer es igual a mí.

Cuenta Tinelli que la noche anterior a esta entrevista fue a su ciudad natal a ver un partido de Bolívar Signia, equipo de voley que fundó a fines del año último.

-Volví con una pila de papelitos que me fue dando la gente. El treinta por ciento eran saludos. Pero el otro setenta eran pedidos de trabajo, sillas de ruedas, remedios. Eso angustia porque es imposible ayudar a todo el mundo. Y es gente que está pidiendo lo elemental. Es inabarcable y nosotros no somos el Estado. En algún momento, las cosas van a tener que cambiar y en la Argentina habrá que pensar en planes sociales en serio. Creo que están bien los planes para desocupados, pero cuando te das cuenta de que hay uno que tiene diez planes porque es amigo de tal tipo o que hay quien es capaz de robar hasta con planes de 150 pesos que son para gente que de verdad los necesita, ahí es cuando decís basta. Estas son las cosas que duelen: que durante tantos años, tanta gente corrupta se haya metido en la función pública para salvarse.

Para saber más

 www.ideasdelsur.com.ar

Por Adriana Schettini

Acción directa

El conductor de VideoMatch, desde su fundación, ha realizado numerosos aportes a diferentes instituciones de bien público. Estos son algunos de ellos.

· Hospital sub-zonal de Bolívar, Dr. Miguel Capredoni: equipamiento del Servicio de Odontología. Creación y equipamiento del Centro de Hemodiálisis. Renovación del equipamiento del Servicio de Cirugía. Creación de la sala de Terapia Intensiva.

· Caritas Laferrère: aporte de comida diaria para quinientos niños en dos comedores infantiles: Medalla Milagrosa y Nuestro Señor de Mailín. Dotación de cocinas, heladeras, freezers y utensilios de cocina. Salidas semanales recreativas para los niños de los comedores. Para el verano 2004, viajes a la costa atlántica. Provisión de medicamentos y calzado. Contribución en la campaña gráfica de la colecta anual de Caritas Laferrère.

· Hospital de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde, ex Casa Cuna: aporte a la construcción de una sala de psicopatología. Donación de una esterilizadora para cocina de leche. Donación de una mesa de anestesia para recién nacidos.

· Actividades deportivas: la fundación recaudó fondos para que los atletas de las Olimpíadas Especiales pudieran viajar a los Juegos Mundiales Irlanda 2003. Creación del equipo de voley Bolívar Signia.

Hoja de vida

· Nació el 1º de abril de 1960, en Bolívar, provincia de Buenos Aires.

· Su padre murió cuando él te-nía 11 años. Su madre pasó varias internaciones psiquiátricas y falleció en 1994.

· ¿Tiene cuatro hijos: Micaela, María Candelaria (con su primera mujer, María Soledad Aquino). Francisco y Juanita (con su mujer actual, Paula Robles).

· En 1975 comenzó en Radio Rivadavia, como notero de José María Muñoz. En 1981, Juan Alberto Badía lo lleva a su programa de FM, Piedra libre.

· En TV debutó en Badía y Compañía.

· Es fanático de San Lorenzo, y en 1998 compró el club español Badajoz.

· Como conductor: en 1990, VideoMatch; en 1991, Ritmo de la noche; desde 1995, El show de VideoMatch.

 Es dueño de la productora Ideas del Sur.

Ver el mar

Jonathan Osore tiene 12 años, va al comedor Medalla Milagrosa y nunca vio el mar. El programa recreativo de la Fundación Ideas del Sur incluye viajes a la costa. Será un premio para los que se destaquen en el estudio o el deporte.

-Algunas cosas que uno toma como naturales, para estos chicos son extraordinarias -dice Tinelli- . Están preocupados por tomar una copa de leche a la tarde. ¿Te imaginás lo que puede ser para ellos ver el mar por primera vez?

Para eso, por suerte, está este texto de Eduardo Galeano: (...) después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: -¡Ayudame a mirar!